Inmigrantes y alimentación


Hoy en día, casi todos sabemos qué alimentos son beneficiosos o perjudiciales para nuestra salud, y muchos de nosotros intentamos llevar una dieta equilibrada.
Sin embargo, resulta difícil mantener una alimentación sana si, a la hora de hacer la compra, no conoces la mayoría de los productos a la venta -su composición, sus valores nutricionales, el modo de cocinarlos-, o no puedes permitírtelos. Esto es lo que está ocurriendo con parte de la población inmigrante en nuestro país.
Ya en 2009, la Agencia de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) publicó una guía para mejorar los hábitos de alimentación de los inmigrantes, después de notar un alto índice de obesidad entre esta población.
La aparición de esta obesidad puede deberse a varios factores. En primer lugar, los productos de sus países son más caros y más difíciles de encontrar. Y si se descarta la opción de seguir cocinando lo que siempre se ha cocinado, ¿cuál es la alternativa? Es necesario conocer la lengua del país de destino para poder leer la información del producto en las etiquetas, y aún así, no suele ser suficiente para llegar a saber de qué modo podría utilizarse dicho producto.
Por otra parte, los problemas económicos pueden afectar gravemente al estilo alimenticio de una persona o una familia. Muchos de los alumnos que asisten a nuestras clases de español, sin ir más lejos, comentan lo cansados que están de comer arroz diariamente. Arroz con verduras, arroz con pollo, y pocas más alternativas.
Por último, no podemos olvidar que ciertos productos que se venden en España -por ejemplo, los zumos azucarados- son mucho más asequibles aquí que en sus países de origen, donde se consumían muy de vez en cuando. Un abuso de este tipo de bebidas bien podría generar sobrepeso en niños y adultos.
Esta guía ofrece consejos de seguridad alimentaria (fechas de caducidad, etc.), tablas de alimentos incluyendo información sobre sus calorías, cantidades recomendadas, y recetas para cocinarlos.
Esperemos que esta guía, junto con la labor de incontables ONGs e instituciones, consiga modificar malos hábitos y ayude a adaptar las recetas “de siempre” al nuevo entorno, quizás creando una nueva cocina “criolla” para chuparse los dedos.

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Archivado bajo Artículos, Educación Social

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