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Cosmopolitan y las mujeres modernas

 

Un buen día de verano me gasto un dineral en comprar todas las revistas femeninas que encuentro en el quiosco de mi pueblo. No, no decido provocarme un ataque de estupidez aguda; pretendo hacer un análisis de sus contenidos.

Y cuando ya pasé de la Super-Pop, la Bravo, y la Touch… BINGO! La Cosmopolitan me ofrece una joyita en bandeja. Qué mejor muestra del ideal de mujer que estas revistas tratan de “normalizar”: la especie listilla frivolarum,  autóctona de zonas hiper-consumistas y con acceso a series del tipo Sexo en NY.

Pero vean ustedes el artículo y juzguen por sí mismas:

Cómo consigo que perdone una infidelidad

“Le he puesto los cuernos a mi chico y me ha pillado. ¿Qué hago?” Rezar: todavía queda alguna posibilidad de salvar lo vuestro.

 

“La mujer perdona las infidelidades, pero no las olvida. El hombre olvida las infidelidades, pero no las perdona”. Esta frase del escritor Severo Catalina es un hecho avalado científicamente: un estudio de la Universidad del País Vasco ha revelado que las chicas perdonan más fácilmente una infidelidad que los chicos.
Maite Garaigordobil, psicóloga, cree que esto sucede porque “las mujeres tienen más capacidad empática que los varones; y la falta de rencor y la comprensión son fundamentales a la hora de perdonar”. El hombre engañado, sin embargo, se siente herido en su virilidad y muchas veces prefiere cortar por lo sano, como hizo, por ejemplo, Marc Anthony al descubrir los cuernos de Jennifer Lopez. Por eso, si has tenido un desliz con otro chico y tu novio se ha enterado, ten presente que te va a costar un triunfo lograr que todo vuelva a ser como antes. Pero no es imposible… ¡y nosotros vamos a ayudarte con un buen puñado de consejos!

EXPLÍCATE Y EXCÚSATE

“Cariño, no es lo que parece”. Estas socorridas palabras, que hemos escuchado en tantas y tantas películas, siguen dando buenos resultados. Por supuesto, la frase no es un “abracadabra”, no hace milagros, y debe ir seguida de coherentes explicaciones y excusas. Pero, antes de nada, pide perdón y dile que lo sientes mucho y que estás muy enamorada de él. Si tus palabras van acompañadas por algunas lagrimillas (aunque sean de cocodrilo), mejor que mejor. Luego despliega todo tu arsenal de excusas. Por ejemplo, decir que eran las 6 de la mañana y estabas muy, muy borracha (o, mejor aún, que alguien echó “algo” en tu Gin Tonic ) puede ser un buen atenuante. Acto seguido suaviza el efecto de lo que hiciste: déjale claro a tu novio que “lo que pasó” fue un accidente sin importancia y casi ni te acuerdas de la cara de tu efímero “amante”.

Y, finalmente, tienes que “transferir la culpa” o proyectarla hacia otra persona: puedes presentar a tu circunstancial amante como un sátiro, casi un “acosador”, que se te echó encima y tú no tuviste más remedio que ceder y dejarte hacer, porque estabas débil y (sí, puedes repetirlo) en avanzado estado de embriaguez.

Guarda también un poquito de culpa para tu mismísimo novio, que eso siempre cuela: aprovecha cualquier cosa que haya pasado últimamente y transformala en escudo. Por ejemplo, si ha quedado con una ex, si ha hecho horas extra en la oficina o si ha tardado demasiado en pasear al perro, déjaselo caer. Y si tuvo un “desliz” en el pasado, es imprescindible que lo saques a colación. Sí, es un juego un poco sucio… ¡Pero siempre funciona!

HAZ MIL MÉRITOS

¿Tu novio ya no echa sapos y culebras por la boca, esboza una sonrisa y hasta deja escapar algún gesto de cariño? Buena señal: aunque todavía esté dolorido, el chico está intentando considerar que pudiste cometer un error y buscando justificaciones para creer en ti. Así que ahora debes pasar de las palabras a los hechos: abrázalo, bésalo, mímalo. Si acabáis en la cama, no escatimes felaciones, succiones y todo tipo de caricias íntimas propinadas con sumo cuidado y romanticismo. Tienes que dejar claro que es a él (y a nadie más) a quien deseas, amas y respetas. Después, pórtate bien durante una laaarga temporada: quédate en casa, cúbrelo con detalles, cocina para él… Y por supuesto, ni se te ocurra volver a engañarlo (al menos por ahora) porque sería fatal. Como dice el sexólogo Eugenio López, “es normal que, durante una temporada, el chico desconfíe y haya alguna que otra discusión”. Pero, con un poco de suerte, todo volverá poco a poco a su sitio. Eso sí, todo tiene un límite: si tras un largo periodo de tiempo no te perdona, deja de humillarte y aléjate de él. Tal vez el tiempo cure sus heridas y quizás (sólo quizás) en un futuro podáis retomar vuestra relación. Si no, todavía puedes rebuscar en la agenda de tu móvil… porque seguro que no has borrado el número de teléfono de aquel chico tan sexy con el que fuiste infiel, ¿no?

Cosmopolitan, Julio 2012

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Bien, estos son los mensajes que estas autoproclamadas feministas nos lanzan con este artículo:

1. Las mujeres estamos, por naturaleza, más predispuestas a sacrificarnos y tragar con una infidelidad.

2. Podemos seguir solucionándolo todo con unas “lagrimillas de cocodrilo”, o incluso con uno de esos “vahídos” tan de moda en siglos pasados. ¿Por qué no? Todo sea por no utilizar argumentos sinceros y razonados.

3. Siempre se puede solucionar todo inventando una supuesta agresión sexual. De este modo, el hombre que tuvo el mal gusto de acostarse contigo acabará acusado de violador, tú echarás por tierra la credibilidad y seriedad de miles de casos verdaderos de agresión sexual, y de paso te asegurarás de que la reputación de ” víbora calculadora” de las mujeres tenga fundamento real.

4. Si nada de esto funciona, siempre podemos utilizar el sexo para conseguir lo que queremos. Claro que sí, mujer. Eso es moderno y liberal.

5. No importa que no consigas mantener una relación basada en la complicidad, la confianza mutua y el amor. Sólo debes asegurarte de que se mantiene a tu lado (lo que no consigo entender es si ello es debido a motivos sociales, económicos, o váyase usted a saber). Esta mujer del siglo XXI es un verdadero primor.

 

En fin, estoy segura de que me salto muchas más perlas implícitas en el artículo, pero ya me canso de tanta insensatez.

Hasta la próxima…

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Un cuento contra natura

1. La señora X abrió los ojos a las 07.05 en el lecho matrimonial. Miró a su derecha y vio a su marido, que aún dormía. Observó que sus entradas comenzaban a convertirse en calvicie propiamente dicha. Era natural, pensó, puesto que ya había pasado el umbral de los 40.
2. La señora X recordó, con una mezcla de ansiedad y alegría, a la pequeña figura que dormía plácidamente a su izquierda, en la cuna. Tras años de intentos fallidos, el bebé XY había llegado al mundo, gracias a la ayuda económica del abuelo Z, que había aportado su gran granito de arena para que la señora X y su marido Y pudieran ir a aquella famosa clínica donde los sueños se hacían realidad.
La señora X se sentía cansada. La noche anterior, el bebé XY no había dejado de llorar por culpa de los gases, y los inexpertos padres habían pasado la noche entre masajes abdominales, paseos por los pasillos y palmaditas en la espalda. Era natural que estuviera cansada, se dijo, ya no tenía 20 años.
3. Media hora más tarde, ya desayunada y lista para empezar el día, la señora X cogió el sacaleches y se dispuso a preparar el biberón para el bebé XY.
4. Todo listo en la bolsa. Pañales, muda de ropa, toallitas, pomada, biberón. La señora X dejó a su bebé XY en manos de H, la eficiente educadora de la guardería, que cuidaría de él hasta bien entrada la tarde. El bebé XY lloró un poco, pero era natural, aún no se había acostumbrado a la diaria separación de su mamá.
5. La señora X entró a su oficina y trabajó 8 horas en su puesto de auxiliar administrativa para la multinacional T&B, referente mundial en la producción y venta de métodos anticonceptivos.
6. Antes de recoger a XY, la señora X se permitió un pequeño capricho y se encontró con su madre en aquel nuevo café del que tanto se hablaba. Al ver a su madre acercarse, la señora X se sintió algo extraña. Quizás fuese envidia. La madre de la señora X, a sus 65 años, mostraba un cutis perfecto, ausente de arrugas, un cuerpo bien esculpido por el ejercicio y la vida sana, y un bronceado que le daba un aspecto juvenil y saludable durante todo el año. Nada más lejos del reflejo que el espejo devolvía a diario a la señora X. Pero, por otra parte, era natural, puesto que su madre tenía todo el tiempo del mundo para cuidarse, y también todo el dinero para retocarse cuando lo consideraba necesario. Algún día, la señora X podría permitirse parecer tan joven como su madre.
7. La madre de la señora X parloteó durante una hora acerca de sus problemas con el padre de la señora X. El matrimonio ya había cumplido los 40 años de amor y fidelidad y, como era natural, no todo eran flores. La señora X se arrepintió secretamente de haber invitado a su madre a tomar el café.
8. Ya en casa, con el bebé XY en la cuna y los agotados papás relajados en el sofá del salón, las noticias en la televisión mostraban manifestaciones y protestas en las calles. La pareja estuvo de acuerdo al comentar que las parejas homosexuales se estaban propasando en su continua exigencia de derechos. Nadie les negaba su derecho a la libertad sexual, pero ¿realmente era necesario que contrajesen matrimonio? Al fin y al cabo, era evidente que se trataba de algo contra natura.
“Lo natural es parir con dolor, morirse antes de cumplir los 30 años, la suciedad, la enfermedad. Lo natural es que uno de cada diez niños no sobreviva al parto, que una de cada veinte madres fallezca al dar a luz. Lo natural es que sólo sobrevivan los más fuertes, que los ciegos no lean. Nada más natural que el sarampión, que el cáncer, que la caries, que la peste, que la malaria. 
Lo natural no es bueno por naturaleza, pero tampoco malo. Nada más natural que el ser humano, que su afán diario por aferrarse a la vida. Lo natural es morirse pero también luchar contra la muerte, por eso ahora vivimos casi cien años.
Lo natural también era que un amor durase toda la vida, pero es que antes la vida duraba muy poco. Respondía a una lógica: crear familias lo bastante estables como para proteger a la prole. Lo natural, en cualquier caso, es mucho más simple que un matrimonio: consiste en ese impulso ancestral, grabado a fuego en nuestra herencia genética, que lucha por perpetuar nuestro ADN. Para la naturaleza lo demás es superfluo, accesorio. Lo natural no sabe de peras y manzanas. Lo natural es el amor, aunque las que amen y quieran amar a un hijo, a su hijo, sean dos mujeres enamoradas.”
Enlaces relacionados:
Documental “La monogamia no es natural” – http://www.rtve.es/alacarta/videos/redes/redes-monogamia-natural/442269/

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Romeos y Julietas palestino-israelíes


La seducción es otra forma de guerra“, dice el rabino Shmuel Eliyahu desde Safed (Israel). Curiosamente, la sentencia arranca el asentimiento de Ibrahim Faruk, imán en una mezquita de Belén (Cisjordania, Palestina). A los dos les repele en igual manera que “uno de los suyos”, un miembro de su comunidad, un judío o un árabe, se enamore de alguien del bando contrario. Las parejas mixtas, interraciales, interconfesionales, son tan extrañas en Israel y los Territorios Palestinos que no dan ni para una muestra válida de estudio. Lo saben bien los sociólogos de la Universidad de Haifa, que han tratado de estudiarlos, pero no hay manera. “Son la excepción de la excepción”, resume el profesor Yuval Spielberg. Ha sido así durante décadas, siglos, pero en los últimos años el veto a estas uniones se ha radicalizado, desde los templos y desde las familias. Hay palizas cruzadas, patrullas de vigilancia “antinoviazgo”, hasta campañas pagadas por los ayuntamientos para concienciar de los “peligros de la contaminación y la mezcla”. Pese a ello, hay Romeos y Julietas que tratan de superar cualquier obstáculo. Unos lo logran, otros desisten.
Entre los últimos está Nasser Danin, 24 años, un joven palestino residente en Jerusalén Este que se enamoró en el instituto de una compañera, Alexia, judía practicante de origen ruso, “hermosísima”. Pasaron juntos tres años, hasta que la familia de la chica descubrió la relación. El padre de Alexia pidió auxilio a una asociación llamada “Cuidemos a las hijas de Rusia”, un ente semi-clandestino, arraigado en barrios como Gilo, que defiende a las adolescentes “vulnerables ante los encantos de los árabes“, como la define uno de sus creadores, Gregori Zaitsev, mecánico de profesión. “Nuestras hijas son menos tradicionales que las judías rigoristas, no han recibido una educación sionista y han sufrido menos el choque con los árabes, porque llevan aquí menos años y desconocen la historia. Son carne fácil para estos asesinos“, explica. Visto el objetivo de la asociación, es fácilmente imaginable cómo acabó la relación entre Nasser y Alexia. “A ella la amenazaron con echarla de casa, con no pagarle la universidad, con devolverla a Rusia con sus abuelos. Alexia nunca les hizo caso, siguió conmigo unos meses. Entonces vinieron a por mí y me dieron una paliza una noche que salí por el centro. Pasé una semana en cama, me rompieron la nariz y una costilla. Tenía todo el cuerpo amoratado”, relata, a ratos enfurecido, a ratos hundido. La consecuencia de aquella paliza es que la familia de Nasser, que hasta entonces no sabía nada de su relación, también se opuso al noviazgo. “Dicen que los judíos y los árabes no hablamos, pero no siempre es así. Nuestras dos familias llegaron a entrevistarse para planear juntas nuestra separación. Decidieron que Alexia se fuera unos meses a Rusia tras acabar el servicio militar. No llegué a despedirme. Con ella lejos y mi familia amenazándome, empecé a plantearme dudas sobre la relación, y decidí dejarlo estar. No quiero saber ni si ella ha regresado”, concluye. Nasser dice en un tono casi inaudible que ha olvidado a Alexia. Lo cierto es que hace dos años de su ruptura y no ha vuelto a tener pareja. “Hay cosas imposibles y lo he aprendido. Si quiero vivir en paz no puedo cruzar ciertas rayas. Prefiero amar menos y tener más paz“, reflexiona.

Trabajos intimidatorios como los de esta sección rusa con cada día más comunes en Israel. En Nazaret se ha creado una “unidad de padres” para patrullar la ciudad para que no se produzca acercamiento entre chicos árabes y judíos. Hay vigilancia por ambas partes, pero es aún más intensa entre los progenitores hebreos. El mismo sistema se está aplicando en Petah Tikva y en la propia Jerusalén. Al norte de la ciudad triplemente santa, en Pisgat Zeev, un grupo de vecinos pasea por los parques cada tarde en busca de parejas mixtas. La cercanía con barrios árabes como Anata o Beit Hanina facilita los encuentrosimpidiendo las ceremonias civilesEn 10 años tenemos al menos 60 casos de niñas de Jerusalén que se han ido a aldeas árabes. ¿Piensan que allí está su príncipe azul? No, está el sometimiento y la reclusión. No hemos vuelto a saber de ellas“, denuncia al teléfono. Sostiene Kessler que ellos nunca ejercen la violencia contra los jóvenes, sino que intentan “hacerlos razonar”. En un centro cívico del barrio citan a las muchachas para mostrarles un vídeo editado expresamente para su campaña, titulado “Durmiendo con su enemigo“, en el que explican, entre otras cosas, que las parejas mixtas “no son algo natural a ojos de Dios”, que un árabe “explotará la inocencia de las niñas judías” y que “más de la mitad de la población de Israel no desearía tener por vecino a un matrimonio así”. entre chavales, casi imposibles si se tiene en cuenta la segregación en las ciudades del país, los sistemas separados de educación que reciben unos y otros y hasta la obligación de que los matrimonios sean celebrados por un rito religioso, que serían la solución fácil a los casamientos entre personas de distinta religión. Queda la calle, el encuentro, el roce diario. Eso es lo que trata de evitar esta cuadrilla de vecinos como Isaac Kessler, maestro, padre de tres chicas y un chico de entre siete y 16 años. “Nuestra obligación es contactar sobre todo con las niñas, que son las más crédulas y sensibles, y avisarles del peligro que corren al acercarse a un palestino.

En la ciudad de Safed, al norte, donde expande su palabra el rabino Eliyahu, hay carteles en las principales plazas y parques que dicen: “Salir con árabes trae palizas, drogas duras, prostitución y delincuencia”. Él insiste en que en las poblaciones de mayoría árabe y en los Territorios Palestinos la persecución de estas parejas es similar, pero lo cierto es que no hay noticia de estos “grupos de observadores”, como los llama. “La presión se hace en las familias, que es donde ha de hacerse”, replica el imán Faruk. Eliyahu se felicita de que las distintas administraciones se hayan “implicado” en su pelea. El Gobierno central pagó hace dos años una campaña en televisión en la que pedía a los padres que “revisaran con lupa” las relaciones de sus hijos, en Kiryat Gat se crearon unos módulos especiales en los colegios para enseñar cómo no caer en relaciones con los beduinos cercanos, con asesores especializados en juventud y psicólogos para atender a las “víctimas” y desde febrero de 2010 el Ayuntamiento de Tel Aviv paga un programa de asesoramiento para evitar estas citas y los consiguientes compromisos. “Hay 250.000 niñas, sobre todo inmigrantes, en situación de riesgo”, afirman los folletos.

Precisamente en la capital israelí es donde se han vivido los enfrentamientos más violentos en los últimos meses a causa de estas relaciones incomprendidas. Junto al barrio de Jaffa, de mayoría árabe, se han levantado edificios destinados a judíos ultraortodoxos, lo que ha diversificado el dibujo de sus calles. Ahora el encuentro es sencillo y natural. Por eso grupos de haredíes han emprendido su particular cruzada en contra, con auténticas barricadas en la noche de los jueves (equivalente al viernes occidental por respeto del shabbat). Ha habido peleas entre grupos de jóvenes, entre hermanos, padres, amigos que defendían a chicas judías enamoradas de árabes. A ellas no se les suele preguntar. La asociación conservadora Yad L´Achim, que asesora a los padres para desactivar estas uniones, recibe cada mes un centenar de llamadas sólo procedentes de Tel Aviv. “Si un hombre es musulmán o cristiano, tarde o temprano someterá a una judía“, afirma la entidad en su web. La cara contraria se vive a pocos kilómetros, en el local de Al Qaws (Arco Iris), una nave-pub abierta a todo el mundo, promovida por un colectivo de gays árabes, en el que no se pregunta la fe para entrar. “Somos gays, somos distintos. Estamos por encima de los convencionalismos. Bastantes problemas tenemos ya, ¿no crees?”, dice Raafat, el encargado. Es la aguja en el pajar.

En Jerusalén, el mirador de Har HaTzofin, en el Monte Scopus, ya no es un lugar tranquilo de reunión de pandillas para fumar, comer pipas y fantasear con el futuro, sino el escenario de peleas semanales entre grupos de árabes y judíos. Una mirada de deseo enciende los ánimos. En lo que va de año, afirma el Ayuntamiento de Jerusalén, se han producido nueve agresiones con arma blanca por choques entre unos y otros. El pasado 21 de diciembre, en la calle Ben Yehuda, un joven palestino y una chica judía quedaron tras cerrar una cita en internet. Era una encerrona: fueron caminando hasta el Parque de la Independencia y entonces el chaval se vio rodeado por siete adolescentes judíos que le propinaron una paliza, le tiraron piedras y botellas rotas y lo rociaron con spray de pimienta. El descontrol llevó incluso, el otoño pasado, al ataque de un turista chileno que estaba entablando amistad con unas jóvenes judías: tres hombres se le acercaron, haciéndose pasar por policías, y lo atacaron a patadas y con gas lacrimógeno. Pensaban que era árabe. El Gobierno de Israel ha tenido que disculparse con sus homólogos de Chile por este incidente.

La UNHCR sostiene que en Israel hay “entre varios cientos y mil” personas unidas en uno de estos extraños matrimonios mixtos. La mayoría suelen producirse entre hombres árabes -con nacionalidad israelí, son contados los casos con personas de los Territorios- y mujeres judías. No hay constancia de denuncias por abusos y sometimiento, como denuncian las asociaciones de padres israelíes. “Yo conozco a varias parejas y le digo que podemos ser felices juntos“, dice un hombre que lo sabe por experiencia propia. Se llama David Salomon, un jubilado judío de Jerusalén que lleva 38 años casado con Nida, árabe cristiana de San Juan de Acre. Se conocieron en una lonja de pescado donde ambos trabajaban. De eso hace 46 años. Y hasta hoy. Tienen un hijo en común, Yesher. “Es hebreo, pero no se lo pusimos por eso, sino por tradición familiar, eh. Aquí en este matrimonio no ganan unos ni otros”, explica Nida. Levanta las cejas casi hasta el cielo cuando se le pregunta por los problemas que tuvieron para unirse. “Todos los del mundo y más”, apunta. Sólo la muerte del padre de David les allanó el camino. “Es muy triste, pero así fue. Nos amenazaba con desheredar a David, con expulsarlo de la casa que tenía, con echarnos encima a la Policía. ¡Imagina, eran los años de la Guerra de los Seis Días!”, dice. A los demás familiares, de ambas partes, no les agradó la idea, pero entonces “aún había una filosofía práctica que entendía que personas de una misma tierra acabaran por juntarse”. “Hoy todo está mucho más marcado”, lamenta David. Tuvieron que irse a Estados Unidos como emigrantes para poder casarse en paz. Tardaron mucho, pero lo hicieron. Fue allí donde nació su hijo, un israelí orgulloso de sus raíces mezcladas, militar de profesión. En 2003, Ariel Sharon intentó negar la nacionalidad a los hijos de parejas mixtas. Yesher dice que hubiera sido un crimen: “Tan israelí soy yo como lo es otro”. A la vuelta a Israel, David y Nida pasaron años ocultando sus orígenes. Nunca, ni uno ni otro, obligó al compañero a seguir sus creencias. “Yo salgo con mi marido a la hora de las ceremonias en la sinagoga, pero luego me quedo dando un paseo. Y él hace lo mismo conmigo”, cuenta, cómplice. Ya están cansados y no se tapan. “Quien nos quiera, que nos respete”. Sostienen que la mezcla les ha traído riqueza de historia, de cultura, de experiencias. Pero que nada cuenta el origen, en realidad. “Cuenta el amor, da igual que quieras a un árabe o a un marciano. Y yo con mi esposa árabe soy el judío más feliz del mundo“.

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